Hay personas que llegan a terapia después de haber pensado mucho en lo que les ocurre. Saben describir su ansiedad, reconocen los conflictos que se repiten en la relación de pareja o identifican momentos en los que la comida se convierte en una forma de gestionar emociones. Aun así, el cambio no siempre aparece solo por haberlo comprendido.